Sobre "Las musas se han ido de copas" (Visor, 2015) de Nilton Santiago



Nilton Santiago es un poeta peruano residente en Barcelona desde hace 10 años, en donde ejerce como abogado. El 2003, en su país de origen, mereció el 2do Premio de Poesía en la XI Bienal de Poesía del Premio Copé con El libro de los espejos. Diez años después Nilton Santiago despierta en España, con ganas de convertir todo lo que toca en premio:


-Con La oscuridad de los gatos era nuestra oscuridad obtuvo el Premio Internacional de Poesía Joven Fundación Centro de Poesía José Hierro el año 2012 (editado por la fundación).
-Con A otro perro con este hueso obtuvo el Accésit del Premio Adonais de Poesía 2014.
-Con El equipaje del ángel obtuvo el XXVII Premio Tiflos de Poesía 2014 (editado por Visor).
-Y con Las musas se han ido de copas obtuvo el más reciente Premio Casa América de Poesía Americana 2015 (editado por Visor).

A Nilton lo conocí en otoño de 2014 en Barcelona, en casa de Yulino Dávila (también poeta peruano). Llegó acompañado de Bruno Polack -o Bruno Polack llegó acompañado de Nilton Santiago- y entre los dos, entre bromas y sonrisas que resplandecían, parecían conformar una dupla perfecta. Por alguna razón, a Nilton le costó, no sé si por vergüenza, modestia o suspicacia, confesar que era poeta y sólo mencionó que "también escribía poesía", más bien dejó claro que abogado era.

Un par de meses después me entero de su premiación por Casa de América. Y ni bien tuve la oportunidad, me hice con un ejemplar.

Las musas se han ido de copas: poesía hipster para evitar la histeria


No se puede evitar pensar en Nilton Santiago cuando se lee su libro. Sé que es una mala costumbre; pero aquel personaje que constituye la voz-poética de Las musas amenaza con encajar descaradamente con él. Lo menciona el mismo Bruno Polack, quien redactó el texto de la contraportada del libro: "Esta es una bitácora minuciosa, fidedigna y fantástica de la vida del poeta Nilton Santiago".

Entre cafés de oficinistas en tiempo de descanso, la voz poética observadora de la realidad, voyeur de su entorno, proporciona el testimonio de un yuppie que realiza un esfuerzo tan sobre-humano (en tanto que poético) por sonsacar belleza y poesía de todo lo que le rodea. Así, pues, unos gatos callejeros al lado del semáforo son "una pareja de gatos que dirige el tráfico", y un niño desgraciado por las guerras es "un niño de la guerra [que] llora lágrimas de azúcar", y un oficinista es "William Bluke" que lee en el periódico del bar que "el «Estado Islámico» ha ejecutado a un periodista disfrazado de ruiseñor", y así una pareja de desconocidos que se miran y se gustan son un poema de 4 páginas (!).

La geografía de Las musas está habitada por chicas lindas, oficinistas siempre amenazados con ensuciarse el traje con café por mirar a una chica linda, loquitas autodestructivas que se alojan en pisos compartidos y amenazan con enloquecer, en su paso, al dueño del piso que, desde luego, es la voz del libro, su amigo Bruno, poetas arrogantes que son gatos y beben cerveza, personajes de la farándula literaria de facebook, diversos animales, etc., que son los actores del zoológico que es la ciudad contemporánea del ideal moderno en donde, en medio de un cosmopolitismo fugaz (de Erasmus), todo resulta buena onda, lindo y armónico; menos el yo que es la fractura por donde sangra este libro: su soledad, su insignificancia, la banalidad de su existencia.

Asimismo, Las musas se han ido de copas está lleno de datos y citas a personajes pintorescos y hechos curiosos que juntos componen la philosophie de comptoir a la que se aferra el habitante de aquella ciudad con el fin de evadirse de la situación global (o de la depresión que conllevaría contemplarla a profundidad). Por ello, para nuestro evasivo yuppie, para quien "las ciudades son en realidad el dinero que te gastas en aquellos besos", el drama de la inmigración ilegal se reduce a "los pobres chicos que cruzan las vallas de Melilla" o a dolorosas metáforas que, de pronto, aparecen con un sorprendido "Ahora lo sabes", y que hablan de merluzas enlatadas que "tienen que pasar fronteras,/ llorar todas sus afonías,/ pedirle impuestos a la luna llena que cada noche se disuelve en sus lágrimas/ cuando se ha roto «la cadena de frío» en sus maltrechos corazones marinos."

Lo más interesante, a mi punto de ver, de Las musas es que parece recoger dos tradiciones: por un lado el humor y distensión aparente de cierta poesía latinoamericana como la del argentino Oliverio Girondo o la del peruano Luis Hernández; que el autor de Las musas une a la que considero la tradición de poesía hípster española que se inauguró este siglo con Mi primer bikini (Premio Andalucía Joven de Poesía 2001) de la entonces adolescente Elena Mendel, que se convirtió en un fenómeno de ventas e influencia literaria.

De esta forma, Nilton Santiago, al componer una mixtura de este tipo, parece abrir una brecha en la tradición literaria peruana, de la que habrá que preguntarle si, tras su exilio, aún se siente parte o no.

Poesía hipster: poesía que tras una aparente sofisticación y profundidad retórica y temática, esconde la superficialidad y vacuidad del yo contemporáneo que se entrega al consumo y la egolatría como evasión.






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